sábado, 3 de octubre de 2009

Nota para TIC

BACKSTAGE

El Fantasma de la Opera

Claudia Cotta y Carlos Vittori llegan dos horas antes de la función, para vocalizar. En el vestuario trabajan 16 personas que cuidan, entre otras cosas, las 150 pelucas que trajeron de la India.

Por: María Ana Rago


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CARLOS VITTORI SE PREPARA PARA SER EL FANTASMA.

Desde hace casi cinco meses, El Fantasma de la Opera, de Andrew Lloyd Webber, se presenta en Buenos Aires. Este musical, aclamado por público de distintas latitudes, sube a escena en el teatro Opera con la misma puesta, el mismo vestuario y la misma escenografía que lo hicieron famoso en todo el mundo por más de 20 años. Y concretarlo cada noche no es tarea sencilla.

Harold Prince -que dirigió la versión original de El Fantasma y supervisó la puesta argentina- es un nombre consagrado en el universo de los musicales. Ganador de más de 20 premios Tony, es considerado un verdadero renovador del género.

Claudia Cotta interpreta a Christine Daaé, quien en el primer acto es seducida a las oscuras profundidades del teatro por el Fantasma. La actriz es una de las primeras en llegar junto con Carlos Vittori -quien compone al Fantasma en cuestión-, dos horas antes de la función. Una parte del tiempo es para vocalizar. Otra, para peinado y maquillaje; en el caso de él, también debe colocarse una prótesis. Ella prefiere tomar un café; él, en cambio, opta por el té de hierbas. Quince minutos antes de que se levante el telón, Carlos se queda solo para concentrarse en su personaje.

En la previa de cada función, Gerardo Gardelín -director musical-, vuelve a repasar las melodías que se ejecutan.

Las pelucas llevan también un gran trabajo. Ocho personas lavan y peinan todos los días 150 pelucas de pelo natural traído de la India. En el vestuario trabajan 16 personas que lo acondicionan.

El Fantasma de la Opera ofrece funciones de miércoles a viernes a las 20.30, los sábados a las 18 y a las 22, y los domingos a las 19, con entradas desde $ 70.

La historia que cuenta este musical arranca en 1911. Los contenidos del Teatro de la Opera de París están siendo subastados. Para ofertar por los valiosos objetos, se han reunido algunos parisinos, incluyendo a un hombre mayor en silla de ruedas, llamado Raoul, que recuerda los días de gloria del Teatro de la Opera. Mientras el subastador presenta el candelabro principal y explica sus conexiones con la leyenda del Fantasma de la Opera, hay un destello de luz y el público es llevado 50 años atrás.

-Hace más de diez años, vino con la idea de montar El fantasma... y no se dieron las condiciones. ¿Eso hace especial este montaje?

-Sí, claro. Me frustré mucho la primera vez que no pude hacerlo, debido a la ausencia de una locación. Pero ahora tengo un teatro excelente. Estoy muy entusiasmado. Lo triste es que me voy a perder el estreno por otros compromisos que asumí. Me dijo Arthur Masella que las cosas allí funcionan extremadamente bien. Tengo ganas de ir más adelante, porque cualquier excusa que tenga para viajar a Buenos Aires la aprovecho. Es una ciudad maravillosa y fantástica, y además tengo muchos amigos allí.

-¿Qué le impide venir?

-Tengo dos compromisos impostergables. Me voy a Washington a celebrar el cumpleaños del senador Kennedy, ya que él y su esposa son muy amigos míos y me pidieron que participara de un concierto. Además, estoy trabajando de modo muy intenso en mi nueva obra, que pondré en escena la próxima temporada.

-¿Y cómo hace para supervisar los ensayos a la distancia?

-[Risas] Estoy acostumbrado. En primer lugar, Arthur Masella es mi director asociado y sabe exactamente cómo funciona mi mente. Hablamos mucho sobre las audiciones, los valores de la producción, la escenografía, el vestuario, la iluminación. Y el montaje ha sido idéntico desde hace 22 años. En términos técnicos tenemos una máquina que nunca falla.

-¿Conoce a los intérpretes de esta versión?

-No personalmente, pero sé de ellos, porque Arthur pasó mucho tiempo con sus audiciones. No hay un solo día en el que no me mande un fax o un e-mail. Sé mucho sobre Carlos, Juan Pablo, Claudia y Nicolás, y sobre cada uno del elenco. Arthur dice que está muy feliz. Se necesitan un enorme estilo y energía para esta obra. El casting para El fantasma... es muy difícil. Es un melodrama victoriano y necesita ser muy bien actuado, pero es grandilocuente. Entonces, debe ser verdadero y real, y el actor no puede caer en la trampa de la sobreactuación ni esta pieza tan apasionada puede perder su seriedad. Y en la Argentina son muy apasionados.

-Ya tuvo experiencia con actores argentinos. ¿Cree que hay buenos valores artísticos aquí?

-Sé que la calidad de actores en Buenos Aires es muy elevada. Son muy musicales. Son auténticos como intérpretes, muy dedicados en lo que hacen. Es un país al que llegás y no estás asustado sobre el compromiso que vas a obtener de los artistas. Obtenés lo mejor de los actores. Tuve una excelente experiencia con Madama Butterfly y con El beso de la mujer araña .

-¿Por qué piensa que El fantasma... es un clásico?

-Porque no existe una obra tan romántica como ésa. A pesar de que hace tantos años que se representa, cuando entrás en la sala, te perdés en otro mundo y eso es algo muy poco común en el teatro contemporáneo. Dejás los problemas en la calle y entrás en un mundo que creamos, por casi dos horas y media, y no te acordás de tus problemas, sos transportado. Mucha gente me dice que con esta obra se sintió igual que cuando era niño. Y creo que eso es lo que hacemos. Estamos en contacto con el niño en nuestro interior.

-¿Piensa que es un puente para conectar más al público de teatro con la ópera?

-Sí, claro. Pero eso no es lo principal. Lo importante es que la separación entre la ópera y el teatro musical es falsa. La diferencia de El fantasma... en la historia de los musicales es que su tema es serio, pero, a su vez, melodramático y extremadamente romántico. Y sobre eso han sido siempre las óperas. Pero ésta es una pieza de teatro musical.

-Usted es el padre del musical conceptual...

-[Risas] Sí, me lo han dicho.

¿El trabajo de gestación de El fantasma... también fue conceptual?

-Sólo una vez hice un musical que estaba completamente escrito antes de comenzar con los ensayos ( En el siglo XX) . Y acepté porque no tenía trabajo. Siempre estoy apenas comienza el proyecto. En el caso de El fantasma... , Andrew lo mencionó como un posible proyecto mientras tomábamos café después de cenar y nos pusimos a trabajar.

-Usted tiene influencias de Meyerhold y Tadeus Kantor. ¿Las utilizó en esta obra?

-Así es. Hace mucho tiempo Joshua Logan, el director de South Pacific , me contó durante una cena que había estudiado con Stanislavsky, en Moscú, y que allí había un joven director llamado Meyerhold, y que mi trabajo le recordaba al suyo. Desde entonces, he estado en contacto permanente con la Fundación Meyerhold, en Moscú. No hago nada que no exprese mis gustos y El fantasma... está muy conectado emocionalmente con el modo en el que trato materiales e historias, y es muy típico e ilustrativo de lo que hago y de lo que hice siempre.

-¿Le hubiera gustado dirigir Evita en la Argentina?

-No. Esa obra nunca ha sido dirigida en Buenos Aires por buenos motivos. Y creo que nunca lo quise hacer por eso. Se filmó acá la película y no me pareció un buen trabajo.

-¿Cuáles son sus planes como director?

-Voy a hacer Paradise Found , una obra muy bella e inteligente, escrita por Richard Nelson. La música es de Johann Strauss II. Es la musicalización de una de las novelas de Joseph Roth, que murió en 1939 en París, y siempre me gustó.

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